Sector distribución: Cinco claves para comprender los problemas que afronta Eroski

diciembre 9, 2013

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FUENTE: Diario Vasco

Eroski, el tercer operador en el negocio de la distribución en España, vive momentos de inquietud. La compañía, englobada en la Corporación Mondragón –que aún pena la caída de Fagor Electrodomésticos–, ha reiniciado la negociación con sus bancos para reestructurar su deuda, un débito de 2.500 millones de euros, que ya renegoció el pasado enero y cuyo peso resulta un verdadero lastre para afrontar los planes con los que pretende sortear la crisis. Con casi 38.500 trabajadores –12.890 de ellos son socios propietarios de la empresa– y un resultado bruto operativo (ebitda) de 300 millones, obtenido casi en exclusiva de su negocio de alimentación, Eroski confía en salvar la papeleta.

No lo tiene fácil, toda vez que la deuda es considerable y que, si hasta hace un tiempo obtenía recursos extraordinarios de la venta de sus inmuebles, ahora ese grifo está seco. La firma de Elorrio es víctima, como tantas otras, del ‘mal del ladrillo’ y del derrumbe del consumo. La empresa, el Grupo Mondragón y hasta el Gobierno vasco lanzan tímidos mensajes de tranquilidad sobre el futuro, mientras se acerca la campaña de Navidad, toda una prueba de fuego para el conglomerado que dirige Agustín Markaide. Estas son algunas de las claves para entender lo que sucede en Eroski.

1. Cuestión de números

Eroski tiene, esencialmente, dos problemas; ambos de carácter financiero. Nada que ver con Fagor, en donde a un agujero de 1.000 millones de deuda se suma un fracaso en el modelo de gestión y el hundimiento del mercado en Europa. Las familias en España siguen comprando comida. Eso sí, en un entorno de presión sobre los precios que ha removido los cimientos del negocio.

Esa pinza sobre el balance de la empresa la protagonizan la deuda bancaria y también los proveedores, entre los que han surgido dudas sobre la firma vasca, sobre todo después de que Mondragón asombrara al mundo al dejar caer a su empresa más emblemática. Las aseguradoras de riesgos (que cubren a los productores de alimentos el pago por parte de Eroski) han empeorado la calificación de la empresa, y eso aprieta mucho. Eroski no quiere verse obligado a dedicar su ebitda a pagar a proveedores –a los que adeuda una buena cantidad de dinero– en lugar de atender el servicio de la deuda y también sus planes de concentración en las zonas en las que le va bien. Eso sería la hecatombe.

2. Banco malo

Para intentar evitar el bloqueo financiero, Eroski ha sentado a sus 22 bancos acreedores. Busca de ellos una dulcificación del pago de la deuda; y lo hace con una propuesta que la propia empresa califica de «agresiva». No se trata sólo de pedir más plazo o un periodo de carencia (no abono de los intereses), sino de algo más profundo que comporta, al tiempo, una intensa reestructuración de la propia compañía.

Una de las alternativas planteadas a los bancos, en una negociación que aún está en una fase muy preliminar, es la de trasladar los activos inmobiliarios (el verdadero lastre de la empresa) y, con ellos su deuda, a una compañía paralela. Una filial que actuaría de ‘banco malo’ y en la que sería vital la aparición de un socio que, en buena lógica, tomara una participación de control en esa firma. En esta pelea financiera, Eroski cuenta con el apoyo de Deloitte, Morgan Stanley y un par de bancos de inversión.

3. ¿Por qué tanta deuda?

El pasivo de Eroski no es algo que haya surgido de la nada y en el último momento. Antes de la crisis, la empresa de Elorrio obtenía buena parte de sus ingresos de su división inmobiliaria. La compañía se dedicó a promover centros comerciales e hipermercados, cuando toda España crecía al calor del ladrillo, y llegó a ser un actor muy respetado en ese negocio. Si iba Eroski, los bancos abrían la puerta, las administraciones facilitaban las cosas y las marcas comerciales se alojaban en las superficies que ofrecía la cadena vasca. Eso, sin embargo, generó mucho pasivo, distribuido en infinidad de sociedades; por lo general, una filial por cada proyecto. Después, llegó la compra de Caprabo (1.300 millones). Fue la gota que colmó el vaso, justo antes de la crisis.

4. Planes de futuro

La banca ha aprendido la lección y va a jugar fuerte. Es cierto que a nadie le interesa quedarse con 2.500 millones colgados, pero las entidades sufren su propia presión regulatoria por las refinanciaciones y exige que Eroski adelgace a velocidad de vértigo ese pasivo. La empresa está condenada a vender parte de sus activos y, a buen seguro, tendrá que deshacerse de lo malo y también de algunos activos rentables. De momento, y sin dar demasiado detalle, la firma ha explicado que quiere apostar por las franquicias y centrarse en el norte de España y en Baleares, donde tiene nombre, clientes y rentabilidad. En el resto del país, el movimiento será de retirada; bien con ventas, bien a través de cierres ordenados. Los hipermercados, que funcionan peor, serán los perdedores de esta crisis, frente a los súper de barrio, que es el modelo por el que apuesta Markaide.

5. Confianza

Mientras los trabajadores de Eroski ya piensan en nuevos ajustes de salario o de jornada. La empresa y las instituciones se han embarcado en una cruzada de mensajes positivos. Mondragón y el propio Gobierno vasco –un poco más comedido en sus mensajes– han insistido en que hay futuro y que se saldrá de esta.

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